Fecha: 2009-01-07.
Un 23 de febrero del año 1981, la provincia de Catamarca me vió nacer; otro pigmento de entre mil verdes, sumergido en sus agrestes tierras.
Días de sacrificio, las recetas de mamá Alicia en base a los frutos que papá Alfredo tomaba de lo que la fértil tierra catamarqueña proveía, deleitaban la mesa de cinco, testigo de un pasar humilde.
Córdoba me recibió sin menores dificultades que Catamarca, pero seguramente con mayores posibilidades para todos. Así, nuevamente de amor, otra provincia recibió a otro Pittis. Seis en total, éramos una familia dispuesta a sobrellevarla.
Buenos Aires, Catamarca y Córdoba, cuántas experiencias fueron madurando nuestros valores.
Años de guardapolvos sucios y ojalillos rotos transcurrieron para los cuatro hermanos.
Sin pensarlo demasiado, Santa María de Punilla, del departamento de Punilla, Córdoba, nos educó, junto a Cosquín (separados por 3 kilómetros de distancia), en el arte de vivir el día a día.
A medida que mis hermanos se fueron recibiendo, el futuro parecía vislumbrarse distinto. El esfuerzo y sacrificio comenzaron a evidenciar sus frutos.
Alegrías muchas, tristezas fue una, sobre todo, la pérdida de unas de esas personas, únicas, que siempre nos animaban a más, la tía Haydeé.
Dieciseis años es una edad de búsqueda –dicen muchos-, y seguramente lo fue. Quería mi propia guitarra. Los escasos recursos económicos ayudaron a concretar la búsqueda… ¿por qué no hacerla yo?
En la Feria Artesanal A. R. Cortazar que se realiza habitualmente en la "Capital del Folklore" -Cosquín- me aventuré, en el año 1997 a tomar las palabras, consejos e iniciativas de Daniel Cáceres, luthier bonaerense de reconocido prestigio, de incursionar en el satisfactorio camino de la luthería.
Al año siguiente, por destino o casualidad, conocí a Gilberto Zambrano, luthier chileno radicado en Córdoba. Él, junto a sus hijos me introdujeron de lleno en el arte de construir instrumentos. Dedos lijados, estornudos reiterados producto del polvillo en el aire, lijar, pulir, lijar, pulir, más lijar, más pulir, “así se empieza”, me convencieron.
Mi abuelo carpintero, y las palabras y lágrimas de mi viejo recordándolo. Padre, amigo y maestro pasó de generación a generación. Con cierto conocimiento y habilidad en mis manos, más la enseñanza del oficio de varios maestros, comencé a poner en práctica lo aprendido. De esta manera, con mi primer guitarra en mano, pasé a engrosar la reducida lista de luthiers de Córdoba.
Mediados del año 1998, y el "Amarillo Pub", Villa Giardino, recibió al grupo Lucía. Seis engalanados pibes, entre ellos yo, en guitarra y voz, debutamos luego de un esfuerzo de meses.
El orgullo de mi mamá y mi papá, todos sus hijos de una u otra forma, aplicaban lo aprendido en música; en los actos del colegio, en algunas peñas, solista mi hermano Freddy y yo acompañándolo en guitarra, fuimos desde chicos enamorados del 'hacer música'.
Yo fui el que construía lo que creaba la música. Igual fue el sentimiento y la esencia de hacer música y hacer para la música. Si aquello te recrea el espíritu por sentir la vibración de las notas en armonía, esto te pone en conexión entre uno y la madera. Que sean las manos creadas por la naturaleza que le reintegran a la misma, con el placer de oír el sonido que de ella deriva, una nueva vida.
Pasaron los años, y con ellos, fui adquiriendo experiencia en el arte de construir instrumentos (fui perfeccionando la técnica) y en el arte de enseñar (me recibí de Profesor en Ciencias Políticas).
En el año 2001 comencé a formar parte de la Asociación Argentina de Luthiers, y ese mismo año participé de la exposición ´Luthería en Buenos Aires´ realizada en el Jardín Japonés en el Barrio de Palermo.
Fue Cosquín el que me vio crecer como persona, y fue él quien me facilitó que en el año 2003 expusiera y mostrara en la Feria Nacional de Artesanías y Arte Popular "Augusto R. Cortazar", a cordobeses y turistas el artesano en el que me había convertido.
Allí, obtuve una mención honorífica, lo que me permitió participar al año siguiente en calidad de invitado y alcanzar otra mención, lo que traería aparejado nuevos reconocimientos con el correr de los años.
De ahora en más, con muchos proyectos por delante y mucho más que aprender seguiré transitando por este largo camino que es la luthería, para que cada vez que en los confines de esta tierra se oiga la voz de uno de mis instrumentos esté presente una parte de mi ser.
© 2004/08 Eduardo J. Pittis
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Cosquín - Córdoba